Ni aliado ni rival: México como mediador del diálogo en el escenario internacional

Actualizado: 15 de feb de 2019

Laura Yael Mendoza Agama

14 FEB 2019


Durante las últimas semanas han surgido numerosas críticas e hipótesis en cuanto al significado de la posición de México ante la preocupante situación en Venezuela. Algunos sospechan que la falta de un pronunciamiento a favor del movimiento encabezado por Juan Guaidó es un claro ejemplo de apoyo al régimen de Nicolás Maduro. Así mismo, hay otros que consideran pertinente una nueva dirección en la política exterior mexicana como consecuencia de un panorama internacional cada vez más agresivo e intolerante. Aún mejor, hay quienes incluso consideran como indiferente el comportamiento de México en comparación a los fallos de otras naciones que ya han proclamado su apoyo o su desaprobación.

Claro, es importante resaltar que estas críticas reflejan un esfuerzo por intentar comprender y explicar los intereses y posiciones de la delegación mexicana como una ficha dentro del tablero mundial. A pesar de ello, se debe resaltar, que para comprender la política exterior mexicana es necesario regresar en el tiempo y palpar en la memoria, las huellas historiográficas de las conquistas sufridas a causa de las llamadas “potencias”.


Andrés Manuel López Obrador - Presidente de los Estados Unidos Méxicanos

Las intervenciones de éstas, en la política interior mexicana, generaron secuelas que van desde la herencia extractiva y deshonesta en algunas de nuestras instituciones modernas a causa de la relación colonial con el imperio de la Nueva España, hasta la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano en 1848 con la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo; fruto de la guerra expansionista de Estados Unidos contra México. Así pues, el curso de la actitud internacional mexicana estuvo, está y estará basada en sus memorias dolorosas sobre agresiones y presiones externas e internas considerando el daño que dichas acciones pueden causar de manera inmediata y a largo plazo.


Con relación a lo mencionado anteriormente, los principios bajo los cuales es dirigida la política exterior mexicana han sido plasmados en el artículo 89 fracción X de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos donde la no intervención, la solución pacífica de controversias y la lucha por la paz y seguridad internacionales, figuran como algunos de los más importantes. Valdría también, recordar que los principios mencionados con anterioridad encarnan parte de la lucha llevada a cabo por la ONU en busca de un equilibrio en el tablero mundial. Por lo tanto, sería absurdo creer, que las actitudes de la delegación mexicana ante conflictos como el presente en Venezuela, son un ejemplo de indiferencia o negligencia internacional.


Ante esta lógica, cabe entonces preguntarse, ¿cuál es la importancia de una política exterior neutral en el moderno sistema mundo? En primera instancia, hay que insistir en la constante transformación del escenario internacional donde la hegemonía bipolar está fundamentada en el Realismo de las Relaciones Internacionales; la existencia de un sistema anárquico en el que la lucha por el poder presupone la supervivencia o desaparición de los Estados. Así pues, con base en esta teoría, que pretende explicar también los comportamientos del sistema internacional, una política exterior no intervencionista orientada a la solución pacífica de controversias puede evitar la radicalización de los conflictos y la fragmentación del equilibrio regional, continental y mundial en un panorama cada vez más agresivo e intolerante. A manera de ejemplo, hoy podemos ver claramente que ante el conflicto político de Venezuela, los fallos de algunas naciones a favor o en contra del régimen de Maduro no han hecho más que fraccionar y radicalizar el apoyo que de manera conjunta podría ayudar a resolver el conflicto pacíficamente.


En segunda instancia, la delegación mexicana ha tenido como resultado de su posicionamiento internacional un reconocimiento libre de sesgos ideológicos y políticos con mucho más valor en el horizonte del análisis objetivo y crítico de las controversias. Cuando una nación, organización o bloque se posiciona a favor o en contra de una problemática internacional, pierde la capacidad de fungir como mediador objetivo pues sus fallos bien podrían estar orientados a las demandas de la mayoría o minoría sin considerar el mayor beneficio para todas las partes involucradas.


Llegados a este punto, es necesario considerar también que los principios constitucionales mexicanos crean una buena sincronía con el llamado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a resolver el conflicto de manera pacífica a través del dialogo entre las partes. La libre autodeterminación de los pueblos y la lucha por la paz y seguridad internacionales han encontrado una base sólida de apoyo en gobiernos como el de México y Uruguay. Así pues, lejos de dar una nueva dirección a la política exterior mexicana como ventaja en el panorama internacional, es preferible seguir defendiendo el respeto a la soberanía de los Estados y demás principios establecidos por el derecho internacional. Como consecuencia de este posicionamiento, la delegación mexicana podría encabezar el liderazgo de un mecanismo pacífico, que de ser solicitado por las partes correspondientes, ayudaría a liberar las tensiones en primer lugar, entre la oposición de Juan Guaidó y el mandatario Nicolás Maduro, y en segundo lugar, entre los gobiernos de Donald Trump como representante de Estados Unidos y de Vladimir Putin como representante de la Federación Rusa en un intento por transformar Venezuela en una cuadrícula de ajedrez para resolver sus diferencias.


Por último, pero no menos importante, conviene también mantener en primer plano que a nivel internacional se crean muchas presiones innecesarias que afectan a todos los actores por igual, cuando numerosos países se pronuncian de manera unánime ante una controversia de interés. En este caso, no fue diferente. Aún a pesar de todo, la delegación mexicana hace un llamado al diálogo esperando la resolución pacífica de controversias sin el uso de la fuerza y la violencia.


Laura Yael Mendoza Agama es estudiante de Relaciones Internacionales en el tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.


Laura Yael Mendoza Agama


















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