AMLO y Bolsonaro, las promesas de un cambio en sentido contrario

23 MAR 2019

Luz Paola García Godínez


Las victorias electorales de López Obrador en México y Bolsonaro en Brasil han cambiado el mapa geopolítico de Latinoamérica. Ambos países representan la mitad de la economía y población de la región, por lo que pase en cualquiera de ellos determina gran parte de la dinámica del resto. Esta transición simultánea solo había ocurrido en una ocasión, diciembre de 1994.


Ambos líderes llegan en un momento clave en sus países, prometiendo realizar cambios trascendentales. Aunque vienen de dos extremos opuestos, AMLO[1] de tendencia izquierda y Bolsonaro de derecha, son ejemplo del perfil latinoamericano de caudillos, hombres fuertes, populistas que idealizan sus respectivos pasados nacionales, adjudicándose un deber de carácter mesiánico. Este rechazo a las instituciones tiene que ver con su firme creencia de que en su persona está la solución a los problemas nacionales.

AMLO y Bolsonaro I Fuente: bbc.com

Elecciones históricas

Las victorias de AMLO y Bolsonaro se explican en un escenario de violencia y hartazgo de la corrupción. En cuanto a México, en 2017 experimentó su año más violento, aunado al cansancio social de los escándalos del gobierno de Peña Nieto. Por su parte, Brasil estaba sumido en una crisis política tras las investigaciones de los mandatarios Lula Da Silva y Dilma Rousseff. Como consecuencia los regímenes que sostenían colapsaron, instaurando el primer gobierno de izquierda en México después de décadas de neoliberalismo puro del PRI y el PAN; y la ultraderecha, tras los recientes gobiernos de izquierda por el Partido de los Trabajadores en Brasil. Sus victorias gozaron de resultados indiscutibles, ya que ambos contaron con más del 50% del sufragio popular.


El cambio en sentido contrario

Lo llamativo de estos procesos políticos de alternancia es su origen común, pero las opciones de cambio decididas por los electores son opuestas, a pesar del diagnóstico similar desde los que parten. Tanto AMLO como Bolsonaro han marcado su agenda manera muy contundente. En el ámbito económico, ambos gobiernos buscan un crecimiento significativo del PIB y el control de la deuda pública. Sin embargo, el gobierno mexicano plantea la intervención del Estado para incidir en el desarrollo nacional, incluyendo el alza del salario mínimo y aumento de pensiones, mientras que en Brasil se propone un programa neoliberal basado en la escuela de Chicago, impulsando políticas que benefician las empresas y los mercados financieros.


En cuanto al programa social, AMLO ha apostado por la inclusión de los grupos más marginados, mientras que Bolsonaro se ha pronunciado en contra de las minorías, como los grupos LGBTI, indígenas y las mujeres. El tema de seguridad pública fue uno de los pilares en ambas elecciones, los dos mandatarios han establecido directrices para “pacificar” a sus países que atraviesan por periodos de violencia sin precedentes. Pero mientras que México impulsa un proceso de diálogo con las víctimas de la violencia para transitar hacia una fórmula de paz que contempla amnistías y rebajas de penas a los criminales, Bolsonaro aboga por la represión, mano dura y la reciente flexibilización de posesión de armas de fuego de la población con fines de autodefensa.


Multilateralismo y polaridad

En cuanto a las temáticas dentro de la agenda internacional México y Brasil ahondan sus diferencias. En cuanto al cambio climático, el gobierno de AMLO reafirmó en la COP 24 su compromiso con los objetivos ambientales, buscando el desarrollo de políticas y acciones enfocadas a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo Bolsonaro se ha alineado con el discurso de Washington, retirando su candidatura para ser sede de la reunión COP 25, la cual tiene como objetivo discutir la implementación del Acuerdo de París.


En cuanto al tema migratorio, hoy en día uno de los temas más discutidos, polémicos y atendidos por la comunidad internacional, no está exento de disparidades. México fue uno de los principales promotores del Pacto Mundial por una Migración segura, ordenada y regular, aprobado el pasado diciembre por 164 países; y el nuevo Programa Nacional de Migración contempla dos ejes fundamentales, la protección de los derechos humanos y la cooperación y colaboración de desarrollo con los países centroamericanos. Del lado contrario, cuando Bolsonaro era candidato declaró que Brasil no puede ser un país de fronteras abiertas, posteriormente oficializó su retiro del Pacto Mundial para “evitar sufrimientos”. Al compartir frontera con la mayoría de los países sudamericanos, una política migratoria dura podría traer una oleada proteccionista en la región que desencadenaría en una crisis importante debido a la situación actual de Venezuela.


Venezuela

La crisis política de Venezuela es una de las más agudas y polémicas en la región, en donde los dos países que se han disputado el liderazgo latinoamericano presentan diferentes posicionamientos tanto con la relación con Nicolás Maduro, así como el mecanismo para atender el conflicto. AMLO invitó a Maduro a su toma de protesta y ha mantenido una posición sustentada en la no intervención en los asuntos internos de los países y la autodeterminación de los pueblos, proponiendo el Mecanismo de Montevideo para llegar a un arreglo por la vía pacífica. El gobierno brasileño ha sido más tajante, reconoció como presidente interino a Juan Guaidó y lo recibió como Jefe de Estado. Se ha pronunciado en contra de la elección de Maduro y declaró que su Gobierno no cejará en la búsqueda de "lo que los venezolanos desean: democracia y libertad".


Relación especial con EEUU

Bolsonaro no será un presidente que desafíe a Estados Unidos, como lo hacía Lula Da Silva. En el ámbito diplomático, ha prometido una alianza con el país, lo cual se prevé que no presente dificultades debido a la afinidad de ideales con el presidente norteamericano. Incluso Bolsonaro ha sido nombrado el Trump brasileño. En cuanto a México, busca tener una relación amistosa con su vecino del norte, basada en el mutuo respeto, en donde el tema más importante hoy en día es la ratificación del T-MEC y la frontera compartida. Sin embargo, no se vislumbra una intención de establecer un lazo especial, como la que se ha tenido en diferentes momentos de la relación bilateral.


Conclusiones

Tanto AMLO como Bolsonaro son líderes que llegaron al poder en momentos determinantes en sus países, pero que difieren en sus programas de gobierno y en su capacidad para implementarlos. En México el presidente gozará de la mayoría en el Congreso, al menos por 3 años, además de contar con un amplio apoyo popular y una situación macroeconómica relativamente saludable. En Brasil, Bolsonaro cuenta con un cerco institucional fuerte. Su partido representa una minoría en ambas Cámaras del Congreso, no controla los presupuestos estatales, se enfrenta a una prensa agresiva y un poder judicial independiente.


Estos mandatarios coincidirán como presidentes de sus respectivos países al menos durante los próximos cuatro años. El gobierno de Bolsonaro concluirá en 2022, con la posibilidad de reelección por un nuevo periodo de cuatro años, mientras que AMLO terminará su administración en 2024, sin posibilidad de repetir el cargo. En cuanto a la dinámica regional, la fractura se ahondará con la crisis en Venezuela, pero la novedad es la nueva alineación de Brasilia con Washington, lo cual puede abrir la tradicional pugna del liderazgo latinoamericano con México. En la agenda bilateral, el único rubro que hasta ahora se ha destacado es el comercial con la intención de ampliar el Acuerdo de Complementación Económica (ACE 53). Por lo tanto, sigue sin esperarse la consolidación de una alianza entre ambos países, como la que goza Francia con Alemania, o el histórico atlanticismo entre Estados Unidos y Reino Unido.

[1] Pseudónimo utilizado para referirse a Andrés Manuel López Obrador


Luz Paola García Godínez es licenciada en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey. Ha trabajado en la Embajada Británica en México y en proyectos con la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Cámara de Comercio de China. Actualmente es analista y consultora política en el Despacho de Consultoría Grupo Estrategia Política, en la Ciudad de México. Sus áreas de interés se concentran en seguridad internacional, conflicto y desarrollo.

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